La publicidad no es sólo ruido. Es el motor de una economía competitiva. Si bien lo ves en todas partes, desde vallas publicitarias hasta la pantalla de tu teléfono, sus raíces son mucho más antiguas y extrañas de lo que piensas.

En sociedades donde los mercados compiten por el dinero, la publicidad se vuelve inevitable. Los gobiernos también lo utilizan, pero prospera allí donde las ganancias impulsan el mercado. Las primeras versiones no fueron campañas pulidas. Eran pregoneros públicos que gritaban en las calles.

“La publicidad es omnipresente en países con economías basadas en la competencia.”

Tenemos pruebas de este antiguo ajetreo. Las ruinas de Tebas revelaron un anuncio impreso que ofrecía una recompensa por un esclavo fugitivo. Tiene aproximadamente 3.000 años. Demuestra que la persuasión impresa no es nueva. Pero durante la mayor parte de la historia de la humanidad, los anuncios orales ocuparon el centro de atención.

Esto cambió alrededor de 1450. Llegó la imprenta. De repente, los anuncios podrían reproducirse. Se volvieron más sofisticados. Los anunciantes empezaron a utilizar la sugerencia y la persuasión para atraer clientes.

En los siglos XVIII y XIX, los folletos y carteles eran comunes. Pero los periódicos y las revistas ofrecían algo que aquellos no ofrecían: circulación. Llevaban la mayor parte de la carga publicitaria. Estos gigantes de la imprenta popularizaron jingles y lemas. Impulsaron las últimas modas. Incluso garantizaban curas para dolencias mediante medicamentos patentados.

El siglo XX volvió a cambiar el medio. La radio llegó en los años 1920. La televisión siguió en la década de 1940. Los anuncios se volvieron más influyentes. Se volvieron complejos y a menudo dependían de investigaciones motivacionales para aprovechar la psicología del consumidor.

La televisión dominó durante décadas. Sólo rivalizaba con las publicaciones periódicas como principal vehículo publicitario. En la segunda mitad del siglo XX, los anuncios se habían filtrado en todos los espacios de la vida moderna. No podías escapar de ellos. Estaban en los carteles de las tiendas. En etiquetas de ropa. En catálogos de venta por correo. En folletos. En espacios públicos. En momentos privados.

El siglo XXI trajo un nuevo giro. La tecnología digital brindó a los anunciantes herramientas más precisas para captar la atención.

En 2009, Entertainment Weekly hizo algo extraño. Incorporó los primeros anuncios de vídeo impresos del mundo. Se implantó una pantalla delgada que funciona con baterías directamente en una página. La tecnología del chip le permitió almacenar hasta 40 minutos de vídeo.

Abra la página y el video se reproducirá automáticamente. Fue un vistazo a un futuro en el que la impresión y lo digital se confunden.

¿Por qué esto importa? Porque el medio da forma al mensaje. Desde los pregoneros hasta las pantallas, el objetivo sigue siendo el mismo: hacer que quieras lo que venden. Los métodos son cada vez más rápidos.

El próximo salto en publicidad no será sutil. Probablemente será invisible. O inmediato. Todavía estamos esperando para ver cuál gana.