Durante más de un año, los fiscales estadounidenses y las autoridades federales examinaron los vínculos entre el fallecido financiero Jeffrey Epstein y los agentes de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) estacionados en las Islas Vírgenes de los Estados Unidos (USVI). Documentos recientemente publicados por el Departamento de Justicia revelan un patrón de interacciones que, si bien nunca dieron lugar a cargos, plantearon serias cuestiones éticas sobre un posible tráfico de influencias. La investigación se centró en el cultivo de relaciones por parte de Epstein con el personal de CBP, aprovechando obsequios, hospitalidades y favores personales para evitar el escrutinio mientras operaba su propiedad privada en la isla.
Cultivando relaciones
Epstein cortejó activamente a los agentes de CBP, los recibió en su isla y les ofreció ventajas como paseos en helicóptero e incluso cannolis de Nochebuena. A cambio, buscó ayuda para navegar la supervisión federal, quejándose del trato de otros agentes federales y de la CBP. Estas interacciones ocurrieron después de que Epstein se declarara culpable de delitos sexuales en Florida en 2008, lo que pone de relieve una capacidad continua para operar con relativa impunidad.
Los registros detallan una dinámica preocupante. Dos agentes se refirieron a Epstein como un “amigo”, un sentimiento señalado por expertos en ética como inapropiado y que potencialmente viola las pautas federales. Un oficial incluso tocó tambores de acero en la finca de Epstein de forma gratuita, considerándolo un amigo. El caso ilustra cómo Epstein desdibujó deliberadamente los límites profesionales para evitar el escrutinio.
La investigación
Los fiscales federales emitieron citaciones para un gran jurado a empresas de servicios financieros, en busca de pruebas de una posible conspiración para defraudar al gobierno de Estados Unidos. El FBI interrogó al piloto de Epstein, Larry Visoski, quien reveló que Epstein le ordenó recopilar la información de contacto de los oficiales de CBP. Los correos electrónicos y mensajes de texto confirman que los agentes se acercaron activamente a Epstein y, en ocasiones, visitaron su isla.
La investigación se amplió para incluir a Tim Routch, un especialista agrícola de CBP, después de que un supervisor presentó un informe alegando mala conducta. El FBI entrevistó a Routch en 2021, pero él negó haber actuado mal y afirmó que su visita a Little Saint James fue para una inspección oficial de palmeras. Routch admitió haber disfrutado del almuerzo en el tiki bar de Epstein, estimando que la comida costó menos de $25.
Por qué esto es importante
La capacidad de Epstein para influir en los agentes de la CBP subraya una vulnerabilidad sistémica en la seguridad fronteriza. El caso plantea dudas sobre si aprovechó sus conexiones para facilitar el movimiento de víctimas menores de edad o evadir el escrutinio. Si bien no se presentaron cargos, la investigación revela con qué facilidad personas de alto perfil pueden eludir las regulaciones a través de relaciones personales.
El hecho de que los agentes continuaran interactuando con Epstein a pesar de sus antecedentes penales pone de relieve una falta de supervisión. Este no es simplemente un incidente aislado; apunta a un patrón más amplio de impunidad de las élites donde la riqueza y la influencia pueden socavar los procesos legales.
Las secuelas
A pesar de la investigación, ninguno de los agentes de CBP involucrados enfrentó cargos. Algunos se jubilaron con pensiones, lo que sugiere que el gobierno no encontró pruebas concluyentes de irregularidades. Sin embargo, los documentos pintan un cuadro claro de comportamiento inapropiado que, como mínimo, comprometió los estándares éticos. Kathleen Clark, experta en ética gubernamental, enfatiza que incluso los obsequios pequeños pueden ser una forma de congraciarse y reducir el escrutinio.
“El talento de Epstein como maestro manipulador que encontró formas de reducir la fricción y el escrutinio es la forma en que se salió con la suya en el tráfico de niños”.
El caso Epstein sirve como claro recordatorio de que el poder sin control y las conexiones personales pueden socavar la integridad de las fuerzas del orden. Los documentos publicados por el Departamento de Justicia revelan no sólo la explotación criminal de los agentes de la CBP, sino también una falla sistémica para prevenir tales abusos.



















