Durante décadas, los tratados internacionales han sido el principal medio para controlar la proliferación y reducción de las armas nucleares. Pero con la expiración de acuerdos clave como el Nuevo START y la ruptura de la confianza entre las principales potencias, esos tratados están efectivamente extintos. Ahora, una propuesta sorprendente está ganando terreno: confiar en la inteligencia artificial y la tecnología satelital para monitorear los arsenales nucleares en lugar de las tradicionales inspecciones in situ.

El cambio se produce cuando Rusia y Estados Unidos reconstruyen rápidamente sus arsenales nucleares, mientras China amplía sus propias capacidades. Mientras tanto, naciones como Corea del Sur exploran la posibilidad de desarrollar armas nucleares, desestabilizando aún más el panorama global. En este entorno, la cuestión no es si el control de armamentos fracasará (ya ha fracasado) sino cómo evitar el colapso total.

El auge de los “medios técnicos cooperativos”

Los investigadores de la Federación de Científicos Estadounidenses proponen un sistema que denominan “medios técnicos cooperativos”. Esto implica utilizar la infraestructura satelital existente para monitorear las instalaciones nucleares de forma remota, con sistemas de inteligencia artificial procesando los datos para detectar cambios o movimientos del sistema de armas.

Matt Korda, director asociado de FAS, explica que la IA destaca en el reconocimiento de patrones. “Si tuvieras un conjunto de datos lo suficientemente grande, podrías entrenar un modelo para identificar cambios mínimos en ubicaciones específicas e incluso reconocer sistemas de armas individuales”. La clave aquí es que la IA no reemplazaría la supervisión humana, sino que filtraría y priorizaría la información para su revisión.

Por qué esto importa ahora

La muerte de tratados como el Nuevo START no es sólo un fallo de procedimiento; representa el desmoronamiento de décadas de trabajo diplomático. Durante la Guerra Fría, las inspecciones in situ fomentaron la confianza y facilitaron la reducción de las armas nucleares de más de 60.000 a poco más de 12.000. Hoy, esa confianza ha desaparecido, reemplazada por la sospecha y una carrera armamentista cada vez más acelerada.

La nueva propuesta no se trata de desarme; se trata de control de daños. El objetivo es impedir el despliegue de cientos de armas adicionales proporcionando un nivel mínimo de verificación. Sin embargo, el sistema depende de la cooperación. Las potencias nucleares tendrían que aceptar participar y compartir datos, una propuesta que parece poco probable dadas las tensiones geopolíticas actuales.

Los desafíos: datos, confianza y confiabilidad de la IA

La implementación de este sistema enfrenta varios obstáculos. En primer lugar, la IA requiere conjuntos de datos masivos y de alta calidad para su entrenamiento. Estos datos sobre armas nucleares son escasos, lo que obliga a los analistas a crear conjuntos de datos personalizados para las instalaciones de cada país. En segundo lugar, el éxito de este enfoque depende de la verificación mutua; los países tendrían que acordar procedimientos transparentes para los sobrevuelos de satélites y el intercambio de datos.

Quizás el desafío más importante sea la confiabilidad de la propia IA. Expertos como Sara Al-Sayed, de la Unión de Científicos Preocupados, señalan la imprevisibilidad inherente de estos sistemas. La IA puede fallar, presentar fallas de seguridad y operar de maneras que ni siquiera sus creadores comprenden del todo. Esto lo convierte en una base cuestionable para un régimen de control de armas nucleares.

“¿Por qué querrías confiar en un régimen de verificación basado en IA? Si crees que la automatización es necesaria, entonces estás en este paradigma en el que sientes que necesitas detectar cada caso de trampa de tu adversario”. – Sara Al-Sayed, Unión de Científicos Preocupados

El resultado final

La propuesta de utilizar inteligencia artificial y tecnología satelital para el monitoreo nuclear es una solución imperfecta pero pragmática. Reconoce el fracaso del control tradicional de armas al tiempo que intenta evitar una mayor escalada. Sin embargo, el éxito de este enfoque depende de la cooperación y del supuesto de que una verificación imperfecta es mejor que ninguna. Dado el estado actual de las relaciones internacionales, las probabilidades siguen en contra.