El Departamento de Defensa de Estados Unidos presionó recientemente a Anthropic, una startup de inteligencia artificial, para que ampliara el acceso militar a su tecnología. Cuando Anthropic dudó, el Pentágono amenazó con incluir a la empresa en la lista negra, lo que podría cortar sus negocios con contratistas de defensa. Esto llevó a un acuerdo con OpenAI.

La campaña de presión

A finales de febrero de 2026, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, emitió un ultimátum: permitir el despliegue militar completo de la IA de Anthropic o afrontar la exclusión de los contratos del Pentágono. Esta medida agresiva pone de relieve la creciente dependencia del Departamento de Defensa de la IA comercial y su voluntad de hacer cumplir los términos mediante el apalancamiento económico.

El Pentágono designó a Anthropic como un “riesgo de la cadena de suministro” para garantizar el cumplimiento, impidiendo efectivamente que los contratistas militares utilicen sus herramientas. Esta táctica demuestra una señal clara a otros desarrolladores de IA: cooperen con los militares o corren el riesgo de ser marginados.

Por qué esto es importante

Las acciones del Departamento de Defensa revelan una tendencia crítica: la creciente integración de la IA comercial en operaciones militares clasificadas. La desgana inicial de Anthropic surgió de preocupaciones sobre cómo se utilizaría su tecnología, lo que sugiere reservas éticas o estratégicas. La respuesta del Pentágono subraya que tales reservas son secundarias a los intereses de seguridad nacional.

Esto también plantea dudas sobre la dinámica de poder entre el gobierno y las empresas tecnológicas privadas. El Departamento de Defensa efectivamente reprimió a Anthropic, demostrando su capacidad para dictar términos incluso a los principales innovadores en IA.

Cómo se utiliza la tecnología

La IA de Anthropic ya está profundamente arraigada en la infraestructura del Pentágono. La empresa se asoció con Palantir, una empresa de análisis de datos autorizada para operaciones clasificadas, haciendo que sus sistemas sean accesibles para aplicaciones confidenciales. Además, la tecnología de Anthropic analiza datos de inteligencia como parte de un programa piloto de IA de 200 millones de dólares.

El cambio a OpenAI probablemente replicará estas integraciones, acelerando potencialmente el despliegue de la IA en la inteligencia y las operaciones militares. La conclusión clave es que el Pentágono seguirá aprovechando la IA comercial, independientemente de los obstáculos éticos o contractuales.

La agresiva medida del Pentágono demuestra su determinación de asegurar capacidades de IA para uso militar, sentando un precedente para futuras negociaciones con empresas de tecnología.