Durante décadas, las misiones al espacio profundo se han basado en una suposición tácita: existe hielo de agua en la Luna y Marte, y puede descomponerse en hidrógeno y oxígeno para combustible para cohetes. Pero convertir el agua en propulsor no es sólo un problema teórico; nadie lo ha hecho nunca a escala para una nave espacial real. Ahora, una startup llamada General Galactic está intentando cambiar eso.
El desafío principal: por qué es importante el combustible espacial
El modelo actual para viajes espaciales de larga duración depende de la utilización de recursos in situ (ISRU), es decir, encontrar y utilizar recursos que ya se encuentran en el espacio. Esto evita el costo astronómico de sacar combustible de la Tierra. Sin embargo, ISRU aún no ha sido probada en gran medida. Si los astronautas van a establecer bases en la Luna o Marte, es crucial contar con un método confiable para producir combustible a partir de fuentes de agua locales. No se trata sólo de economía; se trata de viabilidad.
El acercamiento de General Galactic: una prueba de satélite
Este otoño, General Galactic planea lanzar un satélite de 1.100 libras propulsado enteramente por propulsor a base de agua. La misión, denominada “Trinity”, probará dos métodos de propulsión distintos: químico y eléctrico.
Para la propulsión química, el satélite utilizará electrólisis para dividir el agua en hidrógeno y oxígeno, y luego quemará el hidrógeno como combustible. Para la propulsión eléctrica, el agua se dividirá y el oxígeno se ionizará en plasma y luego se expulsará mediante un campo magnético. Este enfoque híbrido tiene como objetivo proporcionar maniobras eficientes a largo plazo y capacidad de respuesta rápida, algo de lo que carecen los propulsores eléctricos tradicionales de “eructar en el espacio”.
¿Por qué ahora? El contexto geopolítico
El momento no es casualidad. Mientras China y Rusia maniobran cada vez más satélites cerca de los activos estadounidenses, la necesidad de ajustes orbitales rápidos está creciendo. La tecnología de General Galactic podría proporcionar a los satélites estadounidenses una ventaja táctica significativa, permitiéndoles evadir amenazas potenciales.
“A veces se necesita más que un eructo en el espacio”, explica Luke Niese, director de tecnología de General Galactic, subrayando la necesidad de maniobrabilidad más allá de los lentos y eficientes propulsores eléctricos.
La ciencia detrás de esto: por qué el agua es complicada
El agua no es el combustible ideal para cohetes. El metano líquido y otros propulsores convencionales ofrecen un mayor empuje. Pero el agua tiene ventajas: no requiere almacenamiento criogénico, no plantea los mismos riesgos explosivos que algunos combustibles y está potencialmente disponible en abundancia en otros cuerpos celestes. El desafío radica en extraerlo y utilizarlo de manera eficiente.
El oxígeno ionizado, un subproducto del método de propulsión eléctrica, es altamente corrosivo y presenta importantes desafíos para los materiales. El sistema químico enfrenta dudas sobre la eficiencia masiva: el equipo de electrólisis agrega peso, lo que potencialmente contrarresta las ganancias.
Del laboratorio de Stanford al lanzamiento del Falcon 9
La compañía fue fundada por el ex ingeniero de SpaceX Halen Mattison y el veterano de Varda Space Luke Niese, quienes se conocieron en la escuela de posgrado de Stanford. Después de una extensa modelización e investigación, consiguieron 10 millones de dólares en capital de riesgo. Su objetivo: demostrar que la propulsión basada en agua no sólo es teóricamente posible, sino prácticamente viable.
El veredicto: una apuesta de alto riesgo y alta recompensa
General Galactic enfrenta importantes obstáculos técnicos. Pero si la misión “Trinity” tiene éxito, podría redefinir las suposiciones sobre el reabastecimiento de combustible en el espacio y desbloquear un futuro más sostenible para la exploración del espacio profundo. El experimento no se trata sólo de construir una “gasolinera en Marte”, como dice el director ejecutivo Mattison, sino de resolver un cuello de botella fundamental en la búsqueda de la humanidad por convertirse en una civilización espacial.




















