Durante décadas, Southwest Airlines se destacó por su política de embarque por orden de llegada. Los pasajeros que se registraron temprano aseguraron sus asientos preferidos haciendo fila en la cabina. Ahora esa era ha terminado. La aerolínea ha cambiado a asientos asignados, el último paso para alinear sus operaciones con las prácticas estándar de la industria. Si bien el cambio apunta a tiempos de embarque más rápidos, la realidad es más compleja.

El cambio a asientos asignados

El nuevo sistema de Southwest asigna a los pasajeros a grupos de embarque según la ubicación de los asientos, utilizando el método “Ventana-Pasillo Medio” (WILMA). Este proceso, común entre las aerolíneas, minimiza la congestión en los pasillos y permite a los pasajeros de los asientos junto a la ventana guardar el equipaje antes de que otros aborden. United Airlines, que reintrodujo WILMA en 2023, afirma que ahorra un tiempo valioso, un factor crítico en un negocio donde la velocidad equivale a ingresos.

El truco: complicaciones impulsadas por las ganancias

Sin embargo, el proceso de embarque de Southwest ha agregado capas de complejidad. La aerolínea ahora da prioridad a los pasajeros dispuestos a pagar más por el embarque anticipado o por asientos premium. Aquellos con tarifas de “embarque prioritario”, viajeros frecuentes con alto estatus y clientes que compraron asientos con “espacio adicional para las piernas” abordan primero. Sólo entonces tendrán su turno los pasajeros de la clase económica estándar.

El impacto financiero

Southwest anticipa mayores ingresos debido a estos cambios. La aerolínea espera unos 1.500 millones de dólares adicionales al año para el próximo año, impulsados ​​en gran medida por los nuevos asientos con “espacio extra para las piernas”, que se lanzaron en mayo. La aerolínea también afirma que los pasajeros quieren asientos asignados, justificando el cambio a pesar de sus ineficiencias.

Eficiencia versus ingresos

Los expertos advierten que estos beneficios adicionales ralentizan el proceso de embarque en general. John Milne, profesor de gestión de ingeniería en la Universidad Clarkson, señala que las aerolíneas son “generalmente peores” a la hora de cargar aviones rápidamente debido a estas estrategias centradas en los ingresos.

“Están tratando de conseguir dinero extra; lo entiendo”, dice Milne. “Pero sí ralentiza las cosas”.

La transición demuestra que la maximización de las ganancias a menudo se produce a expensas de una mayor eficiencia. La nueva política de embarque de Southwest subraya una tendencia más amplia en la industria aérea: priorizar los ingresos sobre la comodidad de los pasajeros.

En resumen, mientras las aerolíneas hablan de optimizar la experiencia de viaje, la realidad es que los incentivos financieros frecuentemente anulan la eficiencia práctica. Los pasajeros deberían esperar un proceso de embarque más complicado, ya que las aerolíneas continúan monetizando todos los aspectos de los viajes aéreos.