La semana pasada, el gobierno de Irán intentó un cierre casi total de Internet, cortando el acceso a la banca, la mensajería e incluso las comunicaciones básicas. La medida fue diseñada para sofocar las crecientes protestas al sofocar el flujo de información. Sin embargo, una red descentralizada de activistas, ingenieros y desarrolladores evitó el apagón utilizando miles de terminales de Internet por satélite Starlink de contrabando.

Eludir las restricciones

Los activistas pudieron publicar en línea imágenes de violencia y víctimas civiles a pesar de los esfuerzos del gobierno. Esto obligó al régimen iraní a desplegar tecnología de guerra electrónica de grado militar (generalmente reservada para zonas de conflicto como Ucrania) para interrumpir las señales de GPS que requiere Starlink. El uso de tácticas tan agresivas demuestra hasta dónde está dispuesto a llegar Irán para controlar la información.

El papel de Starlink y la política estadounidense

El éxito no fue accidental. Desde 2022, los activistas han estado importando sistemáticamente terminales Starlink a Irán, con la ayuda de EE.UU. exención de sanciones gubernamentales que permite a las empresas estadounidenses proporcionar herramientas de comunicación a los iraníes. Las estimaciones sugieren que actualmente operan alrededor de 50.000 terminales dentro de Irán, desafiando abiertamente una ley recientemente aprobada que prohíbe estos sistemas. Fereidoon Bashar, director ejecutivo del grupo de derechos digitales ASL19, enfatizó que esto fue el resultado de “años de planificación y trabajo entre diferentes grupos”.

Una tendencia creciente: los límites de los apagones digitales

El caso de Irán pone de relieve una tendencia más amplia: los apagones digitales nacionales son cada vez más difíciles de hacer cumplir. Los gobiernos de países como India, Myanmar y Uganda han utilizado durante mucho tiempo las interrupciones de Internet para reprimir la disidencia. Pero la difusión de tecnologías como Internet satelital está creando una carrera armamentista cada vez mayor entre las autoridades y quienes buscan eludir las restricciones.

La respuesta agresiva del gobierno iraní y la resiliencia de los activistas subrayan un cambio fundamental: el control de la información ya no es absoluto. La tecnología está empoderando a las personas para resistir la censura, incluso frente a una intervención estatal extrema.

La caza del gato y el ratón entre gobiernos y activistas expertos en tecnología probablemente se intensificará a medida que los apagones digitales sigan siendo una herramienta de represión en muchas partes del mundo.